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ACTUALIDAD CINEMATOGRÁFICA (LUIS ESPINAL)

Diario Presencia (La Paz domingo 20 de noviembre de 1977)

Taxi DriverTAXI DRIVER de Martin Scorsese nos llega con una gran fama, y en este caso es merecida. Se trata de una magnífica descripción de un personaje (un taxista) y un ambiente (los barrios populares de Nueva York), El film, que se basa en un hecho histórico, muestra la fermentación sicológica de un hombre solitario en medio de la gran ciudad.

Sufre de insomnio y no sabe cómo llenar el tiempo. Como excombatiente en el Vietnam, ahora echa de menos la acción. Por esto, se emplea de taxista nocturno, y se mete en los barrios peligrosos, donde domina la pobreza, el robo, la prostitución y las drogas. Éste ambiente tenso y subhumano despierta en el taxista las antiguas experiencias bélicas. Buscará algún motivo para la acción. Una chica que le llama la atención (Cybill Shepherd) le hace conocer el ambiente de un candidato presidencial; otra chica, observada repetidamente (Jodie Foster), le lleva a conocer el mundo de la prostitución barata.

Este hombre primario no comprende el mundo ni de una ni de otra; y fácilmente aprovecha el rechazo que sufre para convertir el “eros” reprimido en violencia patente. Ante la sugerencia de un compañero de trabajo, empieza comprando un arsenal de pistolas de todo calibre; e inicia un entrenamiento serio y metódico. Este desubicado ya tiene un ideal aparente; pasar al servicio secreto, o al menos ser un justiciero privado. La cinta se podría titular: Cómo se fabrica un fascista.

Porque en realidad el único ideal de Travis es matar para salir de la rutina; el motivo para matar es lo de menos. Aunque la chica prostituta le desmitiza la tragedia de su propia vida, el taxista organizará una matanza enloquecida e histérica. Y lo más grave es que la sociedad norteamericana se la aceptará, y llegarán a creerle un héroe. Este falso héroe no es más que una flor de cloaca. El sólo quería matar; por eso probó primero con el candidato presidencial.

Travis no es un culpable, es solamente un hijo de la sociedad envenenada, basada en la violencia, ya que se fundamenta en la competición individualista. La misma sociedad crea las tenciones que se descargan en dos direcciones opuestas: la criminalidad (no tolerada) y la represión (legalizada). El taxista amigo (Peter Boyle) le aconseja la evasión en la vida disoluta; pero Travis elige más bien el otro polo, aparentemente más idealista, el de matón privado.

La falta absoluta de ideas del protagonista se nota en que parece un extranjero en su país; quiere matar a un candidato y no sabe nada de política, ni se interesa por ella; organiza una matanza en el prostíbulo y ha errado enteramente el diagnóstico social y emotivo sobre el problema; ni siquiera sabe quién es Kristofferson. Su falta de estructura mental se nota en que este aparente moralista que se ensaña contra un prostíbulo, es un consumidor habitual de cine porno.

Una sociedad violenta (ya que mantiene a una parte de su población en la miseria) sólo puede producir frutos de violencia; y el fascismo es una salida más conservadora y aceptada que la violencia que quiera promover un cambio social profundo. Lanzarse a la acción, porque faltan las ideas, es la táctica que se debe esperar de cualquier fascismo que es, por definición, voluntarista y esquemático.

TAXI DRIVER parece un documental, tal es su fuerza realista. Pero por otra parte, usa un lenguaje impresionista y aun surrealista, pero con una sobriedad que no desentona en el ambiente real y fuera de los estudios. Un mundo nocturno lleno de reflejos y estridencias de luz y sombra se combina con un montaje intenso. Se puede recordar la planificación alternante y dinámica de Travis disparando y de sus impactos en el blanco; o sus ejercicios gimnásticos, tomados desde puntos de vista enérgicamente diversos; el picado total en la llegada de la policía; o la fuerza simbólica de este vaso donde se disuelve un efervescente, o la caída estrepitosa del televisor.

La carga irónica y corrosiva de TAXIDRIVER se puede notar en estos encuadres del político con los brazos levantados, comparados con la estatua; o el imperceptible cambio de énfasis del slogan político que ha pasado de "Nosotros somos el pueblo" a "Nosotros somos el pueblo".

El protagonista Travis es un dictador en gestación (su demencia no se lo impide, recordemos a Hitler) que lo observa todo y lo anota todo, para poderlo manipular después. Travis es un personaje fascinante gracias a la interpretación sobrecogedora de Robert DeNiro; Con sus pequeños gestos, sus monólogos, sus dudas, con su lenguaje popular. Su preocupación y su crisis mental se reflejan en una mirada que tiene tanto de loco como de alucinado. Se fija en todo porque desconfía de todo. Tan convincente es la fuerza del personaje como la técnica de su interpretación. DeNiro, sin apartarse esencialmente de las técnicas del Actor's Studio, es más interior, más descuidado, más real.

Scorsese y DeNiro, al igual que Ford Coppola, Brando, Pacino y De Palma nos recuerdan el gran peso que van cobrando en el cine norteamericano los miembros de la comunidad italoamericana.

Del intenso director Martin Scorsese podemos recordar el film ALICIA YA NO VIVE AQUI. Por otra parte, las revistas nos hablan de su implacable análisis del infierno neoyorkino en otros films lacerantes como STREET SCENES, MEAN STREETS y NEW YORK NEW YORK.

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