El Síndrome Chino (1979)

Síndrome de China
Síndrome de China

Síndrome de China
Poster del filme, Síndrome de China

El Síndrome Chino, una película construida sobre el ritmo clásico del suspenso

SEMANA  (ALFONSO GUMUCIO DAGR√ďN)

Diario √öltima Hora (La Paz, viernes 30 de noviembre de 1979)

¬ŅQu√© es el s√≠ndrome de China?

Una central nuclear prevista para no tener fallas f√≠sicas a lo largo de ‚Äúseis mil a√Īos‚ÄĚ, sufre, un accidente a poco tiempo de haber sido inaugurada. Un reactor calienta demasiado, produce un temblor que origina fisura en la estructura, y surge la amenaza del ‚ÄúS√≠ndrome de China‚ÄĚ, es decir, el peligro de que la base de la Central de energ√≠a nuclear se perfore, y su mort√≠fera carga atraviese el globo desde Estados Unidos basta el polo opuesto, la China. En los hechos, dicen los especialistas, ello no llega a suceder, sino que las corrientes subterr√°neas de agua rechazan todos los elementos radiactivos hacia la superficie y hacia la atm√≥sfera, contaminando extensas zonas.

Sobre la base de este planteamiento se construye la pel√≠cula de James Bridges que nos negamos a calificar como de “ciencia ficci√≥n”. Se trata de un film que revela una serie de mecanismos que no son producto de la imaginaci√≥n febril de nadie, sino que se dan y pueden darse en la realidad actual aunque ello no llegue a conocimiento p√ļblico. El tema de la pel√≠cula “El s√≠ndrome chino”, cabalmente, es este: ¬Ņc√≥mo act√ļan los medios de informaci√≥n ante un accidente nuclear que significa, por una parte, peligro real para la poblaci√≥n civil?, y que por otra parte descubre los grandes juegos sucios de los monopolios econ√≥micos.

Lemmon, Fonda y Douglas en una escena del filme
Lemmon, Fonda y Douglas en una escena del filme

Incidente en la planta nuclear

Todo comienza con una visita que hace un equipo de la televisión a la planta de energía nuclear; en vísperas a la aprobación de otro proyecto similar en otra ciudad cercana. En el momento en que el camarógrafo y la joven periodista (Jane Fonda) que dirige el programa se encuentran en el centro de control de la planta nuclear, se produce el accidente descrito más arriba. Disimuladamente el camarógrafo (Michael Douglas) registra las reacciones de los técnicos, y filma los paneles en los que enloquecen luces y cifras.

A pesar de la novedad del material; el director de la televisi√≥n se niega a difundirlo hasta no tener un informe de una comisi√≥n estatal que ha de investigar el accidente, pero el camarografo se lleva la pel√≠cula para apoyar con ella la campa√Īa anti-nuclear que se desarrolla paralelamente. Por supuesto, el informe tiende a minimizar el accidente y los “patrones” del complejo nuclear hacen lo posible para evitar cualquier filtraci√≥n de la informaci√≥n y cualquier esc√°ndalo que impida la construcci√≥n de otra central. Ese es el juego de poderes que se entabla.

El juego de los capitalistas

La película analiza muy bien la mentalidad de los técnicos que trabajan en el corazón de la central nuclear, y que arrastran consigo la deformación profesional de creer que esas centrales son perfectas, seguras y necesarias. Ellos desconocen cualquier otra forma de energía; haciendo el juego de los capitalistas que si las conocen, pero que prefieren no una solución viable y sana (energía solar, reutilización de desperdicios como combustible, etc), sino una solución altamente rentable y de carácter monopólico.

Sin embargo, uno de los t√©cnicos atraviesa por una crisis de conciencia en la medida en que descubre que el accidente ha sido grave, y que en los sistemas de seguridad de la central nuclear hay carencias inadmisibles y fallas humanas. Este t√©cnico (Jack Lemmon) ser√° quien colabore con la televisi√≥n para denunciar lo que sabe. La pel√≠cula deja bastante clara su cr√≠tica a la reserva tradicional con que se maneja la informaci√≥n relativa a la energ√≠a nuclear.

La denuncia

Denuncia que la población civil tiene derecho de conocer el margen de seguridad disponible. Y sobre todo, denuncia el contubernio increíble entre el gran capital propietario de las centrales nucleares, y los organismos estatales (la policía, por ejemplo) que unen esfuerzos para acallar; así sea mediante el asesinato, a quienes elevan su voz en contra.

En este sentido las escenas finales, que no describiremos aqu√≠, son sumamente expl√≠citas. La responsabilidad de los medios de informaci√≥n queda, en el film, a salvo, pues estos manifiestan “independencia” respecto a los otros poderes.

Sin embargo, creemos que este aspecto de la pel√≠cula es demasiado optimista. En la realidad sucede que las televisiones y los grandes medios de informaci√≥n est√°n en manos de compa√Ī√≠as multinacionales que tienen ramificaciones en otros sectores de la industria, por lo que una actitud “independiente”, por muy buena voluntad que tengan los periodistas, es rar√≠sima. El caso tan mentado de Bernstein y Woodward (tambi√©n citado en la pel√≠cula para que parezca m√°s clara la relaci√≥n), no es sino un caso aislado y que obedece tambi√©n a un juego de intereses superiores.

El peligro de la energía nuclear

“El s√≠ndrome chino” no es una pel√≠cula de an√°lisis, que presente argumentos muy s√≥lidos en contra de la energ√≠a nuclear y en favor de otras formas de energ√≠a. No es su intenci√≥n ser un ensayo, sino una pel√≠cula construida sobre el ritmo cl√°sico del suspenso; (como “Los tres d√≠as del C√≥ndor“) para cautivar a un gran n√ļmero de espectadores. “El s√≠ndrome chino)” introduce en el cine comercial de distribuci√≥n masiva, una preocupaci√≥n que ha ganado mucho terreno en los √ļltimos a√Īos tanto en Estados Unidos como en Europa.

Aunque a nosotros nos parezca, desde Bolivia algo lejano y tendamos a incluirlo en nuestra visión parcial del futuro; lo cierto es que la problemática de la energía nuclear tiene que ver tanto con nosotros como el problema de la bomba atómica o del petróleo en escala mundial.

Nuestra peque√Īa parcela est√° lejos de poder librarse de los grandes juegos econ√≥micos y pol√≠ticos. Por ello, es mejor tener conciencia desde ahora de lo que significa la energ√≠a nuclear no solamente como peligro, no solamente como gigantesco monopolio industrial, sino como factor que en los hechos se opone al desarrollo de otras formas enfocadas en resolver los problemas de energ√≠a a nivel familiar, comunal, provincial y con el empleo de los recursos de la madre naturaleza y del ingenio humano.

 

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